martes, 9 de agosto de 2011

Salud en la piel

Desde la antigüedad hasta mediados de nuestro siglo las personas cuidaban la salud de su piel con medios estrictamente naturales: agua y jabón, sustancias producidas por la tierra, elementos y aceites vegetales y grasas animales.

En la actualidad, para el cuidado de la piel aún se siguen utilizando extractos, aceites y ceras vegetales, minerales reducidos a polvo y otras sustancias naturales. Todos estos productos fortalecen y mejoran las funciones dérmicas desplegando efectos tonificantes.

El avance de la química y las ganas de ganar más por menos, ha hecho que las marcas de cosmética incluyan en sus fórmulas materias capaces de provocar reacciones alérgicas, dermatitis, así como no permitir la respiración y transpiración de nuestra piel obstruyendo los poros. Estas sustancias son principalmente excipientes, parafinas líquidas, siliconas, parabenos, colorantes y conservantes de origen no natural (mayormente derivados del petróleo), que solo se usan de relleno para producir más cantidad y no tienen ningún efecto positivo para nuestra piel, y en medida de lo posible se deberían evitar.

Muchos de nosotros tenemos las funciones esenciales de la piel perturbadas por influencias externas (sol, productos inadecuados, contaminación atmosférica, estrés…) y a menudo también por internas (mala hidratación, incorrecta alimentación, cambios hormonales por ciclos menstruales o por menopausia, tabaquismo, abuso de bebidas alcohólicas, sedentarismo…). Desde mi punto de vista, ambas dos tienen solución, aunque la más importante y la primera a tratar es la de cuidar nuestra piel desde dentro.

“Mens sana in corpore sano”, “Somos lo que comemos”… ¡¡¡y lo que bebemos!!!: frases que deberíamos cada uno de nosotros tener grabadas a fuego. Una alimentación correcta mejora el aspecto y la salud, estimula el metabolismo y consigue que el organismo sea capaz de eliminar más fácilmente, con mayor rapidez y regularidad, toxinas y productos de desecho, que al fin y al cabo son los que nos “envenenan” por dentro y hacen que luzcamos peor por fuera.

Hacer deporte que nos haga sudar y movernos, llenar nuestros pulmones de aire, hacer que nuestro corazón bombee la sangre con fuerza, que oxigene nuestros músculos; paseos al aire libre preferiblemente respirando aire de campo o mar, con todos sus olores y sonidos que llenan el alma; una alimentación con base vegetariana, sin excesos de grasas saturadas, animales o refinadas (todos “pecamos” de vez en cuando, pero que no sean hábitos), con preferencia por los integrales y evitando salsas industriales; y como no, un hábito de toma de té o infusión que creará un momento de paz y serenidad, ayudará a nuestras digestiones o simplemente nos proporciona un momento “nuestro”; todos estos detalles harán que a la larga, con este modo de vida, nos sintamos sanos, radiantes y llenos de energía, y como no ¡nuestra piel estará preciosa!.

Con buenos hábitos y productos adecuados, conseguiremos embellecernos saludablemente y transmitir esa sensación de equilibrio que tanto envidiamos.

Próximamente, escribiré sobre los componentes de la cosmética y como debemos identificar sustancias a evitar.

¡Un fuerte abrazo para todos! Espero que os haya gustado la entrada y sigáis mis consejos… al principio cuesta el cambio de modo de vida, pero a la larga, es tan satisfactorio que ni te acuerdas de esos “pecados prohibidos” ;-)

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